Casi todos los problemas que enfrentamos en la vida son temporales.

Sin embargo, estos problemas temporales, causan dolor inmediato, y a menudo permitimos que este dolor guíe nuestras decisiones y acciones. Por ejemplo:

  • Un empleado que sufre del dolor de no sentirse importante o lo suficientemente empoderado con lo que hace, puede optar por un trabajo terrible pero con un título de fantasía.
  • Un individuo que sufra el dolor de no sentirse amado, apreciado o incomprendido, podría tratar de resolver ese dolor engañando a su esposo o esposa, o buscando “amores” pasajeros.
  • Un emprendedor que sufra del dolor de una pequeña empresa tambaleante podría recurrir al uso de tácticas de mercadeo cuestionables para tratar de impulsar más ventas.

Así es como tomamos decisiones que normalmente no haríamos. Cuando dejamos que el problema conduzca nuestras decisiones, hacemos excepciones y opciones de “sólo por esta vez” para resolver el dolor, molestia o incertidumbre que estamos sintiendo en el momento.

¿Cómo podemos evitar esta trampa y tomar mejores decisiones a largo plazo, mientras que todavía estemos resolviendo el dolor a corto plazo? Esto es algo que podemos comenzar a poner en practica:

Deja que tus valores de vida dirijan tus decisiones

Una de las soluciones que he estado probando es dejar que mis valores manejen mis opciones. Esto no significa que no le presto atención a otros aspectos en mi proceso de toma de decisiones; simplemente añado mis valores a la mezcla.

Por ejemplo, si estoy trabajando en un problema en mi negocio, en lugar de preguntar: “¿Me hará ganar dinero esto?” Puedo preguntar, “¿Está esto en concordancia con mis valores?” Y después, “¿Me hará ganar dinero esto?”

Si le digo que no a cualquiera de las opciones, entonces busco otra opción.

La idea detrás de este método es que si vivimos y trabajamos alineados con nuestros valores, somos más propensos a vivir una vida de la que nos sintamos orgullosos en vez de una en la que nos lamentemos.

La pregunta que te debes hacer ahora es: ¿Qué valores tengo en mi vida? 

Los valores son como el cimiento de una casa, sin una buena fundación nos será imposible mantenernos en pié, así como una casa se caería fácilmente sin una base sólida.

Por eso es importante que si no has venido practicando o has olvidado los valores esenciales de vida como respeto, lealtad, comprensión, confianza, amor y perdón, debes comenzar a partir de hoy a considerarlos como parte de tu diario vivir.

¿Cómo lo pongo en práctica?

Deja que tus valores de vida dirijan tus decisiones

La mayoría de personas nunca se toma el tiempo para pensar en sus valores, escribirlos y aclararlos. Tal vez suene demasiado simple o innecesario. Pero, ¿por qué no lo haces? Tómate unos minutos del día para enlistar los valores que tienes o que quisieras desarrollar en ti, puedes tener una lista de 12 y comenzar a trabajar en un valor nuevo cada mes, por ejemplo, si comienzas por el respeto, este mes podrías procurar tomar decisiones basadas en el respeto hacia ti mismo y hacia los demás.

Si nunca te sientas a pensar en tus valores, serás más propenso a tomar decisiones basadas en cualquier información que tengas frente a ti en el momento. Esa puede ser una receta para que te arrepientas después en el camino.

La vida puede ser compleja a veces, y todos los días, aunque no parezca, tomamos decisiones, algunas mas triviales que otras, pero todas afectan de alguna manera nuestra vida, desde que camisa usarás hasta si te quedas con el dinero extra que te dieron de cambio.

Si no sabes que es lo que define tu vida, si no conoces cuales son tus bases como ser humano, entonces será muy fácil que te desvíes y desperdicies el tiempo haciendo algo que al final te da mas pérdidas que ganancias. Tomar decisiones del tipo “solo por esta vez” te pueden llevar por un sendedo más peligroso de lo que piensas.

La mayoría de los problemas en esta vida son temporales, por eso no debemos dejar que el dolor temporal dicte el camino que vayamos a tomar.

Pide entendimiento
y busca la sabiduría
como si buscaras plata
o un tesoro escondido.