Correr una maraton no es una tarea fácil.

De hecho, cualquier actividad que requiera resistencia fisica implica tener una gran prepación previa, de no hacerlo, se corre el riesgo de no lograrlo o causar un daño severo a tu cuerpo.

Recuerdo hace un tiempo se hizo muy conocido el caso de un corredor que casi a punto de ganar la carrera sufrió una lesión y cayó sin poder continuar corriendo.

De repente otro corredor que venia detrás de el hizo algo inesperado.

Ese corredor se detuvo, le ayudo a levantarse, y sirviéndole de apoyo, le ayudó a cruzar la meta, este ultimo bien pudo haber ganado, sin embargo decidió parar y ayudar a quien lo necesitaba a completar la carrera.

Esto me recuerda un poco a lo sucedido con Moises en la gran batalla contra los Amalecitas —Éxodo 17:8–13

Josue y los guerreros en el campo luchando y la batalla estaba a su favor mientras Moises matenía sus brazos levantados, pero cuando se cansaba y bajaba los brazos, el pueblo perdía.

Entonces dos amigos, Aaron y Jur ayudaron a Moises a mantener sus brazos en altos hasta el atardecer y gracias a esto la batalla ese día se venció.

Dios no nos creó para ser solitarios

Seguir a Dios no es un esfuerzo solitario. El no nos creo para correr la carrera de la vida solos.

Compañeros pueden ayudarnos a perseverar a través de las dificultades mientras estamos en nuestro camino haciendo lo que Dios nos haya llamado a hacer.

Dios, gracias por mi familia, amigos y todos aquellos con los que me relaciono y quienes me ayudan a continuar siguiendote. Ayudame a ser una fuente de fortaleza y ánimo a otros tambien.