Las excusas están presente en todas las etapas de nuestras vidas. De hecho, hacer excusas se ha vuelto tan común en la vida diaria que es casi una rutina, y cada vez buscamos maneras de como excusarnos de mejores formas.

Ya sea por no cumplir un compromiso, llegar tarde al trabajo o escuela, no hacer lo que debemos e incluso excusarnos con nosotros mismos por no tener nuestras prioridades en orden. Como sea, las excusas están presentes ahí.

Hoy quiero hablarte de cómo este “pequeño pecadito” llamado excusas puede hacer más daño de lo que te imaginas, no siempre las excusas son tan inofensivas como crees.

El sutil pecado de hacer excusas y como dejar de hacerlo

No siempre son inofensivas

Antes que nada veamos porqué hacemos excusas,

¿Cuales son las razones que nos llevan a excusarnos?

Cuando experimentamos pruebas en nuestra vida, especialmente en la temprana edad, generalmente estas comienzan a darle forma a nuestra manera de pensar. Las experiencias nos enseñan a ponerle un tono a quienes somos y porqué hacemos lo que hacemos.

Usadas correctamente, las pruebas que experimentamos nos ayudan a crecer durante estos momentos de dificultad e incluso usamos nuestra historia para ayudar e inspirar a otros.

Usadas incorrectamente, podemos volver esas dificultades en una excusa para no crecer.

Todo comienza desde que estamos pequeños, a lo largo de la vida comenzarás a tomar decisiones, simples, sin complicaciones aparentes, pero son decisiones que podrían marcar tu vida para siempre.

Entonces, ¿porqué hacemos excusas?

Razones incorrectas

Muchos personas en la historia e incluso en la Biblia pusieron excusas basadas en sus experiencias, forma de vida o aparentes incapacidades físicas para lograr una meta.

Moisés por ejemplo tenía un problema de confianza. Cuando Dios le dijo que liderara al pueblo de Israel fuera de Egipto, el inmediatamente comenzó a ponerle excusas a Dios: “No soy suficientemente bueno, la gente no me va a creer, no sé hablar bien, no me escucharán…” excusa tras excusa. Aun cuando Dios le dio la habilidad de hacer señales milagrosas, el continuó poniendo excusas.

Así podríamos enumerar muchos otros ejemplos, pero la cuestión aquí se trata de porqué nosotros estamos excusándonos, y todo me lleva a pensar que se trata meramente de un problema interno.

Generalmente somos personas irresponsables en nuestro actuar, hacemos promesas que no podemos cumplir, o no somos capaces de mantener nuestra palabra, ¿porqué? Porque es lo que hemos visto durante toda nuestra vida, y creemos que es lo normal, nos reímos de ello,  se exalta a través del cine y la tv y pensamos que si todo el mundo lo hace, porqué yo no.

Pero hacer excusas revela un corazón que no está dispuesto a tomar plena responsabilidad por su vida y sus acciones, casi siempre culpamos a otros por nuestro comportamiento, por lo que hacemos e incluso lo que no hacemos.

Hacemos excusas porque no queremos sufrir las consecuencias de nuestros actos.

¿Por qué es esto un pecado?

Antes de hacer que todo parezca malo, quiero dejar bien en claro que generalmente al hacer excusas, lo que realmente estamos haciendo es mentir para encubrir algo, y la Biblia muy enfáticamente nos dice que no decir la verdad es una ofensa a Dios, es decir, un pecado, por esta razón, cada vez que inventamos una excusa, ya sea consciente o inconscientemente estamos mintiendo, y últimamente engañándonos a nosotros mismos.

Más allá de lo obvio, también hacer excusas impide que nosotros vivamos a nuestro potencial pleno, nos encierra en la miseria y el engaño, y esto impide que cumplamos no solo nuestro propósito de vida, sino también el plan que Dios tiene para nosotros.

La mejor promesa

Volviendo a la historia de Moisés, me encanta la respuesta que Dios le da a Moisés cuando este puso muchas excusas, El simplemente le respondió: “Yo soy”.

Pero, ¿Yo soy que? — pudo haberse preguntado Moisés. Dios dejó esto incompleto a propósito y no fue hasta que Moisés dejó de hacer excusas que el “Yo soy” tomó un nuevo significado. Ahora él sabía que Dios le estaba diciendo: “Yo soy… tu paz cuando la necesitas”, “Yo soy… tu fuerza cuando estás débil”, “Yo soy tu todo”.

Durante mucho tiempo he hecho excusas por no hacer lo que debo o por no moverme en fe cuando tengo que, pero ahora, al igual que Moisés puedo ver como esta misma promesa de “Yo soy” sigue estando vigente y puedo tomar los pasos necesarios para cumplir el propósito de Dios para mi vida.

Para que esta promesa también cobre vida en ti, necesitas ser tu quien elimine las excusas. Y la mejor manera de deshacerte de las excusas es tomar acción. De nada sirve saber que tenemos promesas para nuestra vida y solo tenerlas como un bonito recuerdo, si no las usamos, son como tener cheques amontonados en el escritorio sin cambiarlos.

Dios no nos dio sus promesas solo para hacer bonitas frases en los muros o tenerlas en una tarjeta o mandarlas en grupos de whatsapp, El nos las dio para que actuemos en ellas, para que confiemos que lo que El ha prometido lo cumplirá si nos movemos en fe según su voluntad.

Así que, que harás? Vas a seguir amontonando las promesas de Dios mientras te refugias en las excusas que no te dejan ver el panorama claro y que impiden que avances y conquistes más? Es tu elección, seguir llevando una vida ordinaria o decidir ser extraordinario.

Ya no culpes a los demás por tu condición actual, toma responsabilidad de ti mismo y sigue adelante.

El regalo de Dios para nosotros es nuestra vida, lo que hacemos con ella es nuestro regalo para El.

Deja de hacer excusas y que se conviertan en una cosa del pasado!

Adaptado de Relevant Magazine