Los seres humanos somos crueles.

Queremos que todo vaya bien, que las cosas mejoren, queremos que haya progreso, que se hagan grandes proyectos que impacten… pero hay un pequeño detalle: Queremos que otro lo haga, nosotros no, otros.

No nos queremos comprometer.

Siempre exigimos, pedimos, demandamos pero nunca nos comprometemos. La actitud siempre es: “Lo que yo tengo que hacer, que otro lo haga.” Y esto se da en todos los ámbitos de la vida.

Si yo hago mi parte, el cuerpo funciona

En la sociedad

Esperamos que “el gobierno” venga y arregle nuestro mundo. Yo NO voy a apoyar ni mucho menos hacer mi parte.

En la iglesia

Queremos que el “líder” o el “pastor” sea el que se comprometa y si es cierto que Dios está con el, entonces “Dios lo va a respaldar”, yo NO lo haré, pero Dios si.

En los estudios

Todo es culpa de los educadores, si “todos” los alumnos salen mal es porque el profesor es el malo, mientras tanto yo NO me comprometo a estudiar y cumplir con mis deberes como estudiante.

En la familia

Mi papá o mi mamá son los encargados, yo NO, yo no tengo porque comprometerme a ayudar en casa, a ser buen estudiante, a evitar meterme en problemas o en relaciones demasiado joven, yo SI puedo ser irresponsable.

El ejemplo más claro aquí son los padres que abandonan a una mujer porque quedó embarazada.

Los seres humanos somos crueles, esperamos que todo salga bien, vaya bien, sea de maravilla, pero no queremos hacer nuestra parte.

Esta actitud es como si los miembros de tu cuerpo un día decidieran no hacer su parte, el estómago no trabajar más, los pulmones no procesar y distribuir el aire, la boca no ingerir alimentos y los riñones no hacer su función… si esto pasara, tu cuerpo moriría.

¿Adivina que? Esto es lo mismo cuando vos NO haces tu parte en donde sea que estés, sea la sociedad, iglesia, escuela, familia, etc.

Si esperas que el “cuerpo” funcione sin que vos hagas tu parte, estás frito, porque no importa que tan pequeña sea tu participación o función, pero es igualmente importante como aquella que lleva una mayor responsabilidad, de nada sirve tener un buen cerebro si los dedos no responden, de nada sirve tener un buen corazón si las arterias se obstruyen. Romanos 12:4-5

Si yo hago mi parte, el cuerpo funciona

Sos importante, valés mucho, no te dejés engañar por la mentira que se nos ha hecho creer que es “la cabeza” la que debe hacer todo, el cuerpo somos todos, la sociedad somos todos, la iglesia somos todos, la familia somos todos.

Si hacemos nuestra parte estoy seguro que las cosas van a mejorar.

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