La depresión y ansiedad son dos cómplices que pueden hacer desastres en la vida de las personas. Vivimos en una sociedad adonde las enfermedades mentales como la depresión y ansiedad se han vuelto tan común que ya no sabemos diferenciar entre tu forma de ser y estar deprimido.

Estos son dos temas con los que puedo identificarme, es una batalla que no es fácil, y se vuelve una carga más pesada de llevar cuando te rodean frases como “un cristiano no puede estar deprimido” “la depresión es del diablo” “Dios quiere que estés feliz y no triste” “si estás deprimido es porque hay algo malo en ti” “la depresión es consecuencia de tus pecados” y así muchas otras más, pero la verdad es que además de ser una batalla espiritual, también es una batalla mental que necesita más que un apoyo moral o psicológico y es aquí adonde las iglesias deben tomar consciencia de cómo la depresión y ansiedad puede ser una realidad en sus miembros y que acciones tomar para ayudarles a encontrar restauración y sanidad de su espíritu, mente y cuerpo.

¿Porqué todas las iglesias deben abordar la depresión y ansiedad?


La depresión y ansiedad no es una enfermedad o “capricho” exclusivo de los jóvenes, un adulto puede deprimirse igual por diferentes razones, aún, aquellos que llevan el liderazgo dentro de una congregación pueden sufrir estas enfermedades, somos humanos en proceso de ser mejores y en este camino hay muchas cosas que pueden pasar.

Para que tengamos una idea de porqué es tan importante que las iglesias tomen acción real en este tema, te comparto algunas estadísticas:

  1. Estudios recientes revelan que 1 de cada 10 personas son afectadas por la depresión
  2. Más del 80% de personas que están clínicamente deprimidas no reciben tratamiento
  3. El número de personas diagnosticadas con depresión incrementa en un 30% cada año
  4. Un estimado de 121 millones de personas a nivel mundial sufre de depresión
  5. En 2013, se reportaron 41,149 suicidios en Estados Unidos, esto hace que el suicidio sea la causa número 10 de muertes en esta nación
  6. En 2013, un estudio reveló que una persona se suicida cada 12.8 minutos

Necesitamos a la iglesia

Hace unos días estaba reunido con algunas personas y dentro de las pláticas que teníamos surgió el tema de las crisis que países como el mio vive en cuanto a la violencia, sus problemas, consecuencias y cómo resolverla, y me llamó la atención cuando una de estas personas dijo: “Ni teniendo miles de psicólogos se le cambia la mentalidad a las personas violentas…” aunque su connotación fue muy despectiva, entiendo que su cosmovisión como no creyente influyó en sus palabras, pero también entendí que había algo de verdad en lo que dijo.

La verdad es que la depresión y ansiedad no solo es una enfermedad que se debe batallar mental o intelectualmente, admiro y apoyo el trabajo que los psicólogos hacen, en algún momento de mi vida yo quise ser psicólogo, pero mientras ellos ayudan mucho en el campo mental, necesitamos profesionales que también ayuden en el campo espiritual, es ahí adonde la iglesia entra en acción.

Entonces, el rol que los líderes y la iglesia en general debe tomar en cuanto a este tema primero es dejar de señalar y condenar a las personas por sus padecimientos, es decir, a Jesús le preguntaron en Juan 9:2-3 porque un hombre estaba ciego, y posiblemente todos esperaban que Jesús sacara a la luz las consecuencias del pecado del mismo hombre o los de sus padres, pero las cosas no fueron así, por lo tanto, nosotros como cristianos debemos dejar de “satanizar” todo y comenzar a tomar acción entendiendo que si Dios permite que atravesemos por algunas circunstancias es porque El tiene un plan para ello, nuestro deber es ayudar, levantar al caído, restaurar al que sufre y no solo señalar los problemas o las consecuencias de nuestras acciones, al final, todos somos pecadores (Romanos 3:23) pero Dios ha tenido misericordia de nosotros.

¿Que puede hacer la iglesia?

Ya no podemos pasar por alto o ignorar esta situación, es una realidad y la iglesia debe ser clara y abierta en hablar sobre la depresión y ansiedad. Ya sea a través de una serie de sermones, recursos gratuitos, creando organizaciones sin fines de lucro, o incluso con un ministerio dentro de la misma.

De cualquier manera, la iglesia debe estar al frente de esta batalla. La gente necesita un lugar seguro en el que puedan ser honestos y transparentes con lo que están pasando.

A ti que sufres de depresión y ansiedad:

No hay nada de malo en admitir que estás deprimido, que te cortas, que has intentado suicidarte o incluso que has pensado en hacerlo. No hay nada malo en buscar atención médica y que te den medicamentos para ayudarte a lo largo de este viaje. Y no hay nada de malo en admitir que necesitas ayuda.

Jesús dijo: “Vengan a mí todos los que están cansados y llevan cargas pesadas, y yo les daré descanso.” y yo creo firmemente que estas palabras son ciertas, si El me pudo ayudar a mi, sé que lo puede hacer contigo.

Si estás atravesando por problemas de depresión y ansiedad o conoces a alguien que lo está, ora por el o ella, comparte recursos que le puedan ayudar, anímale a buscar ayuda profesional, y sobre todo comparte el amor de Dios para su vida.

Originalmente publicado y adaptado de Jarrid Wilson