Algo que muy pocas personas saben de mi en la actualidad, es que en mis años de niñez y adolescentes en el bachillerato, a mi me encantaba pasar tiempo en la naturaleza. Rios, montañas, praderas, árboles, lo que fuera, siempre y cuando estuviera afuera en la vida natural!

Crecí en una zona cerca de lo rural y ese ambiente siempre me rodeó. Durante mucho tiempo uno de mis pasatiempos favoritos era irme con mis amigos a subir montañas, volcanes, cerros, descender hasta ríos y volver a subir, era algo que me encantaba hacer.

Hoy en día lo hago con menos frecuencia, sin embargo es algo que siempre me ha encantado y anhelo continuar haciendo.

La cuestión es que durante este tiempo que subía a montes, cerros, montañas, etc, sin saberlo estaba aprendiendo lecciones de vida que ahora que las recuerdo creo que pueden ayudarnos a vivir de una mejor manera, a lograr nuestras metas y más!

Hoy te comparto

6 Lecciones de vida que aprendí al subir montañas

Siempre está preparado

Sé que suena a cliché, pero así como preparase antes de, e ir preparado al subir montañas es importante, en la vida también lo es.

Recuerdo cuando íbamos con mis amigos y llevábamos en nuestras mochilas con lo que creíamos necesario: Agua y comida…

Aunque ahora que lo pienso una sombrilla, chaqueta para el frio o para la lluvia nos hubiera servido muy bien, al igual que calcetines limpios (y secos), ropa adicional y hasta otros zapatos de ser posible. 🙂

En la vida es igual, prepárate, no hablo solo de algo “intelectual” o vago, me refiero a que, por ejemplo, siempre tengas a la mano algo que te pueda ayudar al viajar, o en tu casa herramientas para reparar algo sencillo, una caja de fósforos, lámparas, bolsas, etc. Créeme, ayuda mucho estar preparado.

No te olvides de respirar

Una vez cuando íbamos rumbo a la cima de una montaña, recuerdo que una persona que nos acompañaba por primera vez comentó lo siguiente: “Espérenme, espérenme, siento que me estoy quedando sin aire… voy a fumarme un cigarrito para agarrar aire…”

No es por nada… pero no creo que esa fuera la mejor solución para agarrar aire… sin embargo, lo que si es la mejor opción es aprender a respirar, hacerlo consciente y adecuadamente.

Cuando el aire nos falta no siempre es fácil pensar y tomar buenas decisiones, lo mismo sucede en la vida.

Cuando vas tarde para el trabajo y hay un gran tráfico de autos, cuando estás a punto de irte de tu trabajo a la casa y se borran los archivos en los que trabajaste tanto, cuando la persona que tanto amabas decide que no siente lo mismo por ti… cuando todo esto pasa, el aire nos puede faltar, ante ello, no te olvides de respirar.

Un poco de incomodidad nos hace bien

Duelen las piernas, la espalda, sientes que te comienza a hacer falta el aire y entonces comienzas a preguntarte porque rayos decidiste subir esa montaña… aun así, no te detienes mas que solo para descansar un poco, tomar aire, y continuar con tu lucha.

En la vida sucede lo mismo. Dicen por ahí que sin dolor no hay ganancia, y esto tiene cierta verdad sobre todo cuando se trata de hacer cosas que están fuera de nuestra zona de comodidad.

A veces necesitamos empujarnos un poquito hacia el límite y tomar riesgos que, aunque nos causen un poco de incomodidad, al final nos dará mayor satisfacción el haberlo intentado a no haber siquiera comenzado.

Sal de la zona de la comodidad y haz algo que crees que no podrías, quien sabe, a lo mejor te sorprendas.

Aprecia y disfruta la belleza a tu alrededor

A veces estamos tan enfocados en el destino que se nos olvida lo hermoso que puede ser el viaje.

Al subir una montaña no siempre es fácil apreciar lo que encuentras en el viaje, pero cuando te detienes a admirar un árbol, una roca, una flor, un ave, te das cuenta que el camino se hace más ligero y que el tiempo es nada más cuestión de perspectiva, al final, siempre vas a llegar al destino, pero porque no hacerlo disfrutando tu viaje.

Si aun sientes que te falta mucho camino por recorrer en lo que te has propuesto, no te olvides de disfrutar cada etapa, momento o circunstancia que te encuentres, no importa que tan difícil pueda ser algo, siempre hay belleza alrededor que puedes admirar.

Ve a tu propio ritmo

Al subir montañas, generalmente en grupo, es un poco presionante tratar de ir a la misma velocidad que otras personas más experimentadas o incluso los mismos amigos/compañeros parece que te presionaran para llegar lo más rápido posible.

Pero me he dado cuenta que esto no necesariamente es una buena idea todo el tiempo.

Es perfectamente aceptable que camines a tu propio ritmo, siempre y cuando no te detengas dándote por vencido.

En realidad no hay necesidad de compararse con nadie más, ni creer que solo porque alguien ha logrado más a tu misma edad está mejor que tu.

La verdad es que cuando descubres que al marcar tu propio ritmo puedes tener diferentes perspectivas, tienes tiempo de analizar, de prepararte y de seguir avanzando, no importa si es lento, pero lo importante es seguir adelante.

Disfruta tu éxito, te lo has ganado.

Lo lograste! Llegaste al final del camino, a la cima de la montaña, lograste terminar esa carrera, alcanzaste ese asenso en el trabajo.

Cuando por fin llegas a la cima te das cuenta que todo valió la pena, tienes nuevas perspectivas, logras ver más allá de lo que regularmente haces y, aunque cansado, pero puedes alegrarte que has logrado lo que te propusiste.

Ahora, en lugar de apresurarte a bajar para ver que otra montaña puedes subir, o que otra meta puedes lograr, mejor enfocate en disfrutar este pequeño momento y mira cuan lejos has llegado aun si creías que no podrías.

Celebra y agradece cada instante, eres un ganador!

Subir montañas no es una tarea fácil, casi siempre es difícil ir cuesta arriba, y en la vida a veces nos toca solo subir, subir, y seguir subiendo, tan solo recuerda que toda situación en esta vida pasa y que mientras sigas avanzando siempre estarás un paso más cerca de lograr lo que te propongas.